
Los
gobiernos están mejor preparados para hacer frente a
poderosos grupos de presión
Una
de las lecciones del proteccionismo, que prevaleció en los primeros
decenios del siglo XX, es que los intereses sectoriales estrechos, si
adquieren una influencia política desmedida, pueden causar un grave
daño. El resultado fue una política cada vez más restrictiva que se
convirtió en una guerra comercial de la que todos salieron perdiendo.
En
apariencia, restringir las importaciones parece un medio eficaz de
apoyar a un sector económico. Sin embargo, se distorsiona la economía
en detrimento de otros sectores que no habría que penalizar. Por
ejemplo, proteger la industria del vestido implica que todos habrán
de pagar la ropa más cara, lo que a su vez suscita presiones
salariales en todos los sectores.
El
proteccionismo puede extenderse e intensificarse si por su parte los
países afectados erigen en represalia sus propios obstáculos
comerciales. Es precisamente lo que ocurrió en los años veinte y
treinta, con efectos nefastos. Incluso los sectores que reclamaban
protección resultaron perjudicados.
Los
gobiernos deben estar preparados para poder hacer frente a los grupos de
presión. El sistema de la OMC puede aportar una contribución útil en
ese sentido.
El
sistema de la OMC/GATT abarca una gran diversidad de sectores. De esa
manera, si en el curso de una negociación comercial en el marco de la
OMC/GATT, un grupo de presión trata de influir a su gobierno para que
se le considere un caso especial que requiere protección, este último
puede rechazar la presión proteccionista alegando la necesidad de
conseguir un acuerdo de alcance amplio que beneficie a todos los
sectores de la economía. Es precisamente lo que hacen los gobiernos con
regularidad.
< Retroceder
Diez
Ventajas - menú Avanzar >
|