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Es para Singapur un gran honor dar sede a esta Primera Conferencia
Ministerial de la OMC.
En nombre de todos los singapurenses y del Gobierno de Singapur, doy a todos una cálida
bienvenida.
La decisión de los Miembros de la OMC de celebrar su
histórica reunión aquí, en el corazón
de la región de Asia y el Pacífico, es un modo significativo de reconocer el dinamismo
de esta región.
La región de Asia y el Pacífico está desarrollándose rápidamente y
contribuyendo al crecimiento del
comercio y las inversiones mundiales. Los países de la región son activos defensores del
proceso de
la OMC porque tienen una experiencia de primera mano de los beneficios resultantes de mantener un
entorno del comercio mundial favorable, que sea libre, transparente, global y
estable. Singapur es
uno de esos beneficiarios. Estamos en el umbral de una edad de oro de crecimiento
económico mundial que ha sido posible
por el alto grado de cooperación multilateral. Al integrarse más estrechamente la
economía mundial
y siendo la OMC el firme fundamento del régimen de comercio mundial, las mercancías,
los servicios
y los capitales podrán acudir más eficazmente allí donde produzcan mayores
beneficios. Esta
optimización de los recursos mundiales ofrece enormes ganancias y oportunidades a la
comunidad
comerciante mundial.
En los 50 últimos años hemos asistido a un desarrollo
económico poderoso y a la creación
de nuevas fuentes de riqueza y empleo, resultado de la reducción de los obstáculos al
comercio y a
las inversiones. El comercio mundial de mercancías creció un 10 por ciento anual y su
valor pasó
de sólo 50.000 millones de dólares EE.UU. en 1947 a 5,6 billones en 1995. Esta
expansión ha producido
riqueza en los países desarrollados y en los países en desarrollo. Según
estimaciones del Banco Mundial,
las economías en desarrollo crecieron en promedio anual más del 4 por ciento durante
los 30 últimos
años, y se prevé que seguirán creciendo a un ritmo aún superior, del 5,2
por ciento, en el próximo decenio.(1)
A medida que los obstáculos al libre flujo del comercio y las
inversiones sigan reduciéndose
o suprimiéndose, los países podrán utilizar más plenamente sus ventajas
comparativas y mirar más
allá de las fronteras nacionales y regionales para aprovechar el mercado
mundial, más amplio. En consecuencia, cabe esperar que el comercio mundial se ampliará de manera sostenida y
producirá un
aumento de las inversiones en todo el mundo. Esto traerá consigo niveles de vida
todavía más elevados
para todos. Y la creciente prosperidad económica dará lugar a su vez a una mayor
seguridad y
estabilidad en el plano internacional. Todo esto no es mera fantasía, sino una visión de algo que
está a nuestro alcance. Sin embargo,
del modo en que cuidemos el proceso de la OMC dependerá en gran medida que podamos
avanzar
confiadamente para realizar este destino manifiesto o que nos veamos forzados, como Tántalo
en la
antigua mitología griega(2), a contemplar desesperados las aguas
abundantes que retroceden al acercarnos
a ellas.
La liberalización del comercio requiere compromiso y esfuerzo
sostenido. Los Miembros tendrán
que hacer frente inevitablemente a dificultades para ajustarse a las realidades de una economía
mundial
en rápida evolución y más interdependiente. Algunas economías
desarrolladas ya han tenido que
reestructurar sus industrias maduras, como las de los textiles y la construcción naval, al abrir
nuevos
sectores de ventaja comparativa. Las economías emergentes habrán de ampliar su
infraestructura
económica e incrementar su competitividad rápidamente partiendo de un nivel inferior.
A los países
en desarrollo debe dárseles tiempo para reajustarse a los cambios producidos por la Ronda
Uruguay
en las normas y por la presión de las medidas de apertura de los mercados. Deben abordarse
en
particular las preocupaciones de los países menos adelantados (PMA) de que se les está
marginando
en el nuevo entorno económico mundial. De manera realista, la liberalización del
comercio mundial
debe avanzar progresivamente, aun cuando algunos de nosotros prefiramos que lo hiciera por saltos
cuantitativos.
La OMC tiene una función crucial que desempeñar en este
proceso, pues sólo podremos
aprovechar al máximo las ventajas que comporta para todos la nueva economía mundial
si contamos
con un guardián fuerte, eficaz y fiable del régimen de comercio multilateral. Si surgen
sentimientos
proteccionistas y aislacionistas que hagan retroceder los importantes beneficios que la OMC ha
conseguido, las perspectivas de la economía mundial para el futuro se oscurecerán en
vez de aclararse.
El proceso del GATT
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al principio Hemos recorrido una gran distancia desde las tragedias sombrías
de la Gran Depresión y las
dos guerras mundiales. Con gran costo humano y material, muchas veces el mundo aprendió
de esas
catástrofes lecciones inapreciables y surgió, como el fénix proverbial, de las
cenizas. Los miembros
de la comunidad mundial reconocieron que sus destinos estaban cada vez más vinculados entre
sí y
que para beneficiarse de esa gran interdependencia, ninguna nación podía ya aplicar con
sentido políticas
aislacionistas o proteccionistas.
Con la reconstrucción y el desarrollo se creó una serie de
instituciones multilaterales para
salvaguardar el nuevo orden internacional -en particular, el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial, establecidos ambos en la Conferencia de Bretton Woods en 1944, y las Naciones
Unidas,
nacida en 1945 para preservar la paz internacional. Con el fin de completar las funciones del FMI
y del Banco Mundial en tanto que pilares de la estabilidad económica
internacional,
23 países se reunieron
en Ginebra en 1947 para echar los cimientos de un proceso que condujo en último
término a la creación
de la OMC actual. A pesar de su carácter provisional, el GATT perduró más de
40 años y, aun sin
ser formalmente una organización, fue de facto la institución que
supervisó el comercio internacional.
Las ocho rondas del GATT consiguieron un éxito notable en la
reducción de los obstáculos
arancelarios y no arancelarios. Cuando el GATT se creó, el promedio de los derechos
arancelarios
aplicados a los productos industriales por los países desarrollados era del 40 por ciento
aproximadamente.(3)
Después de la Ronda Uruguay, los compromisos están cumpliéndose
cabalmente,
el promedio de los derechos aplicados a los productos industriales se reducirá al 3,9 por
ciento.(4) Hemos
necesitado cinco
decenios para llegar a este punto. Ha sido un largo viaje, pero la liberalización del comercio es
inevitablemente un proceso evolutivo que precisa tiempo para generar un impulso crítico y
saltos
ocasionales para llegar a resultados revolucionarios.
La Ronda Uruguay es uno de esos
saltos. Cualquiera que sea el criterio
con que se mida, es
una realización sobresaliente en el proceso de liberalización del comercio
mundial. Los
aranceles
industriales se reducirán en un promedio ponderado cercano al 40 por ciento. Este importante
logro
vino a añadirse a la reducción media del 35 por ciento lograda en la Ronda Kennedy y a
la del 34 por
ciento conseguida en la Ronda de Tokio.(5) Los principales países comerciantes
negociaron eficazmente
para algunos sectores, en particular para el de los productos farmacéuticos, compromisos de
reducción
cero por cero que suprimirán por completo los aranceles. Se amplió considerablemente
el número
de las consolidaciones arancelarias, que establecen un límite para los derechos arancelarios que
un
país puede aplicar a las importaciones. Se consolidarán virtualmente todos los derechos
arancelarios
de los países desarrollados y casi el 60 por ciento de los aranceles de los países en
desarrollo.(6)
La realización cumbre de la Ronda Uruguay y la clave de la
naciente OMC es el establecimiento
de un proceso de solución de diferencias transparente e imparcial. El Entendimiento sobre
Solución
de Diferencias ha demostrado ser en sí mismo un eficaz mecanismo decisorio para aclarar y
resolver
diversos litigios comerciales. Desde que el Entendimiento sobre Solución de Diferencias se
estableció
en 1995, se ha resuelto más de una cuarta parte de los litigios notificados en su
marco, la
mayoría
de ellos en la fase de consultas bilaterales, sin necesidad de decisiones de los grupos especiales de
la OMC.
Es alentador observar
que, para resolver sus desacuerdos comerciales,
los Miembros de la
OMC recurren al mecanismo de solución de diferencias más bien que a medidas
unilaterales o bilaterales
menos deseables, como son las sanciones comerciales. Al aplicar la disciplina multilateral a los que
pueden ser asuntos sensibles de importante alcance político y económico, los Miembros
de la OMC
demuestran su confianza en el sistema basado en normas y, al proceder así, lo
fortalecen.
La Primera Conferencia Ministerial
Volver
al principio
En Marrakech, los Ministros de Comercio de los países Miembros
de la OMC decidieron reunirse
cada dos años. Lo que esto exige de todos los Miembros de la OMC es que se aseguren de que
estas
conferencias ministeriales son algo más que meras ocasiones simbólicas y
ceremoniales.
Un programa
establecido de exámenes ministeriales bienales proporciona a los procesos de la OMC un
ímpetu político
oportuno para impedir su estancamiento. Como el ciclista que escala un puerto, si dejamos de
pedalear
sostenidamente llegaremos a perder nuestro impulso y retrocederemos. Estas reuniones ministeriales
periódicas contribuyen a que la atención del mundo se mantenga centrada en el progreso
de la
liberalización del comercio mundial y permiten a la OMC prever rápidamente los
cambios del entorno
comercial mundial y ajustarse rápidamente a ellos.
La conclusión exitosa de esta Primera Conferencia Ministerial
será pues un valioso paso adelante
en el camino hacia el futuro de la OMC, que tiene apenas dos años. Esta reunión de Singapur ofrece a los Miembros de la OMC la
posibilidad de renovar su fe
en la liberalización del comercio mundial y el mejor medio de elevar los niveles de vida en el
mundo,
consolidar las importantes realizaciones de la Ronda Uruguay, reafirmar sus compromisos para dotar
de contenido al programa incorporado, y tomar decisiones audaces para asegurarse de que la OMC
sigue siendo pertinente y creíble. Esta semana disponen ustedes de una oportunidad
única para adoptar
medidas tangibles encaminadas a aumentar la estatura, ya creciente, de la OMC como
institución eficaz
y a mantener el impulso positivo de la liberalización del comercio mundial.
Aplicación
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al principio Según las
estimaciones, el Acuerdo de la Ronda Uruguay puede
incrementar los ingresos
mundiales en 500.000 millones de dólares EE.UU. de aquí al año 2005. Tal es la
recompensa a la
que pueden ser acreedores todos los Miembros de la OMC, pero únicamente si se aplica
plenamente
el Acuerdo en todos sus aspectos. Algunos Miembros han tropezado con dificultades para cumplir sus
compromisos, y, en
particular, los países en desarrollo Miembros necesitarán, para cumplir sus
obligaciones,
asistencia
técnica adicional y ayuda de otro tipo. La comunidad de la OMC debe hacer frente
común y ayudar
a los países menos desarrollados Miembros a aprovechar las enormes oportunidades que ofrece
el
mercado mundial y a beneficiarse de ellas. Colectivamente, los Miembros de la OMC deben poner
en primera línea de su programa la aplicación plena y fiel de los
acuerdos, analizar
críticamente los
progresos que hemos hecho hasta ahora y velar por que los considerables beneficios de la Ronda
Uruguay
alcancen su máxima dimensión. Por último, es necesario que la OMC revista un interés
inmediato para los medios empresariales
y los trabajadores y consumidores de todo el mundo. A falta de resultados tangibles de la
aplicación,
el sector privado perderá su confianza en el proceso de la OMC y la OMC su gran
predicamento en
las comunidades de base. Si el sistema multilateral de comercio se quiebra y los conflictos
comerciales
siguen sin resolverse, las empresas se asfixiarán y su crecimiento quedará
atrofiado, lo
que a su vez
afectará a las personas empleadas por esas empresas y a los consumidores que aprecian los
productos
y servicios competitivos. La OMC, si garantiza el cumplimiento estricto de los compromisos de
reducir
las estructuras arancelarias y no arancelarias, hará patente su carácter de
organización importante para
el hombre de la calle.
Retos futuros
Volver
al principio
Es necesario que en estas Conferencias bienales los Ministros tengan
visión de futuro. El entorno
económico mundial cambia rápidamente y plantea importantes retos a la OMC.
El más evidente de esos retos es el que plantea a la OMC el ritmo
espectacular de la integración
económica mundial. El crecimiento del volumen del comercio mundial ha sido
sistemáticamente superior
al de la producción económica mundial, y las inversiones internacionales han aumentado
continuamente.
Según el World Investment Report de 1996 de la UNCTAD, el año pasado
el valor de las inversiones
extranjeras directas en todo el mundo superó en 300.000 millones de dólares
EE.UU., es
decir casi
en un 40 por ciento, al de las efectuadas en 1994. Hay muchas posibilidades de que esa tendencia
ascendente se mantenga, dado que aún no se han materializado plenamente los logros de la
Ronda
Uruguay y que hay aún amplio margen para seguir avanzando a partir de esos
logros.
Con el fin de amplificar el doble efecto del crecimiento del comercio y
de las inversiones mundiales, muchos países se han vinculado por acuerdos comerciales
regionales. El ritmo se
ha
intensificado en el último decenio. Entre otros importantes ejemplos al respecto pueden citarse
el TLCAN, el APEC y el MERCOSUR. En muchas ocasiones, dado el menor número de sus
miembros y los estrechos lazos económicos que hay entre ellos, esos acuerdos pueden dar lugar
a una liberalización
más rápida entre sus miembros e impulsar la liberalización multilateral, sirviendo
así de elementos
catalizadores de la liberalización del comercio mundial.
No
obstante, la posibilidad de que los diversos acuerdos comerciales
regionales se conviertan
en bloques comerciales de hecho, desviando de terceros países las corrientes comerciales y las
inversiones, es motivo de preocupación. Aunque, afortunadamente esa preocupación ha
resultado hasta
ahora infundada, sigue habiendo inquietud, sobre todo en caso de que algunos bloques comerciales
lleguen a ser lo suficientemente grandes para ser autosuficientes. Es imprescindible que la OMC
defina
claramente el marco general en que se encuadran esos acuerdos, para que no frenen el ritmo de la
posterior liberalización mundial, sino que la complementen. La OMC debe velar por que los
acuerdos
comerciales regionales que concluyan los países adopten el principio del regionalismo abierto
y, de
ese modo, se conviertan en bloques de construcción del proceso de liberalización del
comercio. A
este respecto, el recientemente establecido Comité de Acuerdos Regionales Comerciales cobra
especial importancia.
El éxito duradero de la OMC depende en gran medida de su
capacidad de hacer a todos los
miembros de la comunidad mundial, y no solamente a una parte de ella, beneficiarios del nuevo
sistema
económico mundial. Para que el sistema de la OMC se mantenga, es imprescindible que no se
polarice
en función de una "línea divisoria Norte-Sur" que enfrente a los Miembros
desarrollados y en desarrollo.
En lugar de ello, hay que hacer todos los esfuerzos posibles para conseguir la igualdad de
oportunidades
para beneficiarse del proceso de liberalización del comercio mundial. Es alentador que los
Miembros
de la OMC hayan reconocido las dificultades especiales con que se encuentran los países menos
adelantados para integrarse en la economía mundial y participar significativamente en
ella. El
Plan
de Acción establecido en el Comité de Comercio y Desarrollo merece una
valoración muy favorable.
Por su parte, Singapur está dispuesto a contribuir a la satisfacción de las necesidades de
asistencia técnica
de esos países.
La OMC cuenta actualmente con 128
Miembros. La
Organización, a la que han solicitado
adherirse unos 30 países, está en condiciones de convertirse en una organización
realmente mundial.
Dado que algunos de esos países en proceso de adhesión son, como China y
Rusia,
importantes actores
económicos, su adhesión a la OMC tendría una repercusión positiva en el
sistema multilateral de comercio
basado en normas. Naturalmente, la adhesión de los nuevos solicitantes debe llevarse a cabo en
condiciones mutuamente aceptables.
La OMC debe buscar la forma de dar
curso, con razonable rapidez, a las
solicitudes de adhesión presentadas, para no someter a un período de espera demasiado dilatado a los países que
aspiran a
convertirse en Miembros de la Organización. Cuanto mayor sea el número de Miembros
de la OMC,
mayor será el número de países sujetos a sus normas y disciplinas y mayor su
interés en preservar
el sistema multilateral de comercio.
Ha habido amplias discusiones y debates sobre las llamadas
"nuevas cuestiones" que habría
de abordar la OMC. Concretamente, las cuestiones de las normas del trabajo y de las inversiones son
especialmente polémicas. Es evidente que los bajos costos de la mano de obra son una ventaja
comparativa legítima de los países en desarrollo y que las normas del trabajo no deben
utilizarse como
medida proteccionista encubierta, pero no lo es tanto que sea procedente y justificable que las normas
del trabajo se examinen en el marco de la OMC. En lo que respecta a las
inversiones, aunque nadie
discute la relación entre comercio e inversiones, no hay acuerdo acerca del momento y la forma
mejores
para abordar la cuestión en el marco de la OMC.
Para que no se desvíe innecesariamente a la OMC de su objetivo
central de promover y preservar
el régimen multilateral de libre comercio, es necesario que se aclare pronto si esas cuestiones
guardan relación directa con el comercio internacional y si la OMC es el foro más
adecuado para analizarlas
de manera significativa y que se llegue cuanto antes a un acuerdo a ese respecto. Sólo entonces
podrá
la OMC avanzar hacia el futuro con confianza firme y claridad de visión.
La marea irresistible de la revolución tecnológica,
especialmente en las esferas de las
telecomunicaciones y de la tecnología de la información, brinda oportunidades enormes a
los Miembros
de la OMC. En un mundo cada vez más vinculado por medios electrónicos y en el que
los productos
de la tecnología de la información tienen una participación cada vez más
importante en el comercio mundial, los beneficios económicos que entraña para todos la eliminación de los
obstáculos en los sectores
de las telecomunicaciones y de la tecnología de la información son muy
importantes.
Según algunas estimaciones, el tamaño del mercado mundial de la tecnología de la información
puede llegar a alcanzar
un valor de 500.000 millones de dólares al año. La OMC, teniendo en cuenta la
importancia de esos
grandes sectores emergentes en el próximo milenio, no debe tardar demasiado en eliminar los
obstáculos
arancelarios en dichos sectores.
Conclusión
Volver
al principio Hemos avanzado considerablemente en nuestra empresa de conseguir un
comercio mundial
más libre; pero esa empresa aún no está terminada a pesar de las ocho rondas de
negociaciones del
GATT. Queda aún mucho para hacer realidad nuestra visión común de un mundo
mejor y más próspero.
Confío en que los delegados adopten en sus debates una perspectiva amplia y a largo plazo y
que pongan
de manifiesto su admirable buena fe, y espíritu de transacción y
consenso. El bienestar
económico
de cada uno de los países está íntimamente unido al de los demás.
Debemos aunar fuerzas, colocando
en primer plano los intereses de toda la OMC y evitando quedar paralizados por consideraciones
monotemáticas a corto plazo, para salvaguardar nuestro futuro económico común,
no sólo para la
generación presente, sino también para nuestros hijos y nuestros
nietos. Parafraseando las palabras que pronunció Nehru hace medio
siglo,
la OMC se dirige a una
reunión inminente con un destino común pleno de promesas y esperanzas. Insto a todos
los delegados
a que aprovechen la ocasión y den un importante paso adelante hacia un mundo de
cohesión y prosperidad.
Les deseo que esta semana sea muy fructífera y que tengan una
estancia cómoda y agradable
en nuestra ciudad jardín.
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Notas:
1
: Perspectivas de la Economía Mundial y los Países en Desarrollo.
Banco Mundial, 1995. Volver
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2
: Tántalo ofendió a los dioses griegos y fue condenado en los
infiernos a padecer sed teniendo a la vista agua que no podía
alcanzar. Volver
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3
: GATT - Ayudar al mundo a crecer, Secretaría del GATT, Ginebra,
1990. Volver
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4
: The Uruguay Round: An Assessment, Jeffrey J. Schott, Institute
for International Economics, Wáshington D.C., 1994. Volver
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5
: The Uruguay Round: An Assessment, Jeffrey J. Schott, Institute
for International Economics, Wáshington D.C., 1994. Volver
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6
: Íbid. Volver
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