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El Informe sobre Comercio y Medio Ambiente de la
Secretaría de la OMC, que se publicará el 14 de octubre
de 1999, aborda los aspectos económicos y de política
económica de la relación entre el comercio y el medio
ambiente. En el informe se aduce que las grandes
generalizaciones que a menudo se expresan en los debates
públicos, ora en el sentido de que el comercio es bueno
para el medio ambiente, ora en el sentido contrario,
carecen de todo fundamento. Los vínculos reales tienen
algo de ambas cosas, o presentan zonas grises. Mediante
la adopción de políticas bien diseñadas tanto en la
esfera del comercio como en la del medio ambiente pueden
obtenerse resultados que favorezcan a todos.
Como ha dicho Mike Moore, Director General de la OMC,
todos los gobiernos Miembros de la OMC apoyan el libre
comercio porque contribuye al aumento del nivel de vida
de las familias trabajadoras, lo que a su vez conduce a
un medio ambiente menos contaminado. En el presente
informe se subraya que el comercio y el medio ambiente,
lejos de ser conceptos contradictorios, pueden de hecho
ser complementarios.El
informe trata de encontrar respuesta, entre otras cosas,
a las siguientes preguntas: ¿es la integración
económica una amenaza para el medio ambiente?
¿Menoscaba el comercio los esfuerzos normativos de los
gobiernos para luchar contra la contaminación y la
degradación de los recursos? ¿Cómo podemos asegurarnos
de que el crecimiento económico impulsado por el
comercio nos ayude a utilizar en forma sostenible los
recursos ambientales del planeta?
Entre
las principales conclusiones del informe cabe destacar
las siguientes:
-
la mayoría de los problemas ambientales son consecuencia
de procesos de producción contaminantes, de determinadas
pautas de consumo, y de la eliminación de productos de
desecho; el comercio en sí, si exceptuamos la
contaminación derivada del transporte de mercancías,
rara vez es la raíz última de la degradación
ambiental;
-
la degradación ambiental tiene lugar porque no siempre
se obliga a los productores y a los consumidores a
sufragar el costo de sus actividades;
-
la degradación ambiental se ve a veces acentuada por
errores de política general, incluidas las subvenciones
a actividades que contaminan y degradan los recursos,
como las subvenciones a la agricultura, la pesca y la
energía;
-
si se pusieran en vigor políticas ambientales adecuadas,
el comercio contribuiría indudablemente al aumento del
bienestar;
-
por lo general, los obstáculos al comercio constituyen
políticas ambientales deficientes;
-
no todas las normas ambientales deben necesariamente
armonizarse para todos los países;
-
los efectos en la competitividad de las reglamentaciones
ambientales son poco importantes en la mayoría de las
ramas de producción;
-
para las empresas, un cierto prestigio en materia
ambiental es a menudo más una ventaja que una desventaja
en el mercado internacional, aunque los costos de
producción sean algo más altos;
-
hay pocas pruebas de que las industrias contaminantes
tiendan a emigrar de los países desarrollados a los
países en desarrollo para reducir los costos derivados
de la observancia de las normas ambientales;
-
sin embargo, las medidas ambientales resultan a veces
inútiles como consecuencia de la preocupación que
suscita la competitividad, lo que pone de manifiesto la
necesidad de estrechar la cooperación internacional
sobre cuestiones ambientales;
-
el crecimiento económico, impulsado por el comercio,
puede ser parte de la solución de la degradación
ambiental, pero no es en sí mismo suficiente para
mejorar la calidad del medio ambiente; el aumento de los
ingresos debe traducirse en la adopción de normas
ambientales más estrictas;
-
no todos los tipos de crecimiento económico son
igualmente beneficiosos para el medio ambiente;
-
la rendición de cuentas por las autoridades públicas y
el buen gobierno son elementos esenciales de una buena
política ambiental, incluso a nivel internacional;
-
la cooperación internacional efectiva es esencial para
proteger el medio ambiente, sobre todo en lo que respecta
a los problemas ambientales transfronterizos y mundiales;
-
el modelo cooperativo de la OMC, basado en derechos y
obligaciones de carácter jurídico, podría servir como
modelo para el establecimiento de una nueva estructura
mundial de cooperación en la esfera del medio ambiente;
-
mientras tanto, e incluso en el marco de su actual
mandato, la OMC puede hacer aportaciones importantes a la
protección del medio ambiente. La más evidente sería
abordar los obstáculos a los intercambios de bienes y
servicios ambientales aún existentes con objeto de
reducir los costos de la inversión en tecnologías de
producción menos contaminante y sistemas de ordenación
del medio ambiente. La OMC podría contribuir también
tratando de lograr reducciones en las subvenciones
públicas perjudiciales para el medio ambiente, incluidas
las subvenciones a la energía, la agricultura y la
pesca.
En
el anexo de este comunicado se analizan brevemente
algunos de estos puntos.
Anexo
-
Los errores en la adopción de políticas y en el mercado
contribuyen a la degradación del medio ambiente. Aunque
el comercio en sí mismo puede guardar una cierta
relación con problemas ambientales, como la
contaminación derivada del transporte de mercancías, la
mayoría de los problemas surgen durante la producción,
el consumo y/o la eliminación de productos de desecho.
La adopción de normas y la aplicación de impuestos
adecuados puede lograr que los productores y los
consumidores se responsabilicen del impacto ambiental de
sus actividades con arreglo al principio quien
contamina paga. Sin embargo, puede suceder que los
Gobiernos no sólo se abstengan de corregir errores en el
mercado, sino que también agraven los problemas mediante
el otorgamiento de subvenciones.
-
Si se pusieran en vigor políticas ambientales adecuadas,
el comercio contribuiría indudablemente al aumento del
bienestar. A falta de políticas ambientales
adecuadas, el comercio puede obrar en perjuicio de la
calidad del medio ambiente. Por ejemplo, la demanda del
mercado mundial puede fomentar la tala indiscriminada
cuando no existe un plan de ordenación adecuado. En
otros casos, la liberalización del comercio puede
mitigar las distorsiones subyacentes. Por ejemplo, una
reducción de las subvenciones a la pesca, que suman unos
54.000 millones de dólares anuales, reduciría la
sobrecapitalización de ese sector y con ello la pesca
excesiva.
-
Los obstáculos al comercio constituyen políticas
ambientales deficientes. Es mejor abordar los
problemas ambientales en su origen, tanto si son
consecuencia de procesos de producción contaminantes
como si lo son de la indefinición de los derechos de
propiedad sobre recursos naturales. Centrarse en los
vínculos indirectos, como las exportaciones o
importaciones de mercancías, sólo puede corregir
parcialmente los errores de política general y en el
mercado, y a un precio más alto para la sociedad. Al
mismo tiempo, los gobiernos han descubierto que las
medidas comerciales son un mecanismo útil para, en
algunos casos, fomentar la participación en acuerdos
ambientales multilaterales y el cumplimiento de esos
acuerdos, y en otros para tratar de modificar el
comportamiento de otros gobiernos. Sin embargo, la
utilización de medidas comerciales en ese sentido
conlleva muchos riesgos para el sistema multilateral de
comercio si no se complementa con normas acordadas por
todas las partes.
-
No siempre es necesario armonizar las normas ambientales.
Esta conclusión se refiere únicamente a problemas
de contaminación de carácter local, que en
opinión de muchos pueden abordarse mejor recurriendo a
normas aplicables a las características concretas del
lugar. La fijación de las normas a su nivel medio no
favorecería a las comunidades (países) pobres ni a las
ricas. No ocurre lo mismo con los problemas
transfronterizos y mundiales, con respecto a los cuales
la armonización de políticas y la administración
colectiva de los recursos comunes es tal vez la única
opción política eficaz.
-
Las repercusiones ambientales del comercio son en teoría
ambiguas, y dependen de tres factores de acción
recíproca: i) cambios inducidos por el comercio en la
estructura industrial, y por ello en la intensidad de
contaminación de la producción nacional, ii) cambios en
la escala global de la actividad económica, y iii)
cambios en la tecnología de producción. El resultado
neto es a priori indeterminado. Por consiguiente,
debe rechazarse toda generalización absoluta, tanto
positiva como negativa, sobre los vínculos entre el
comercio y el medio ambiente.
-
Los beneficios derivados del comercio son suficientes
para sufragar los costos adicionales de la reducción de
la contaminación. El aumento de los ingresos
derivado del comercio podría, en principio,
sufragar los costos de la reducción de la contaminación
e incluso ofrecer un superávit económico. Esto se ha
demostrado en varias simulaciones económicas. En otras
palabras, combinando reformas comerciales y en materia de
medio ambiente, siempre podrán encontrarse métodos que
permitan aumentar los ingresos y el consumo sin poner en
peligro el medio natural. No hay, al menos en este
sentido, un conflicto inherente entre el comercio y el
medio ambiente. El conflicto es más bien consecuencia
del fracaso de las instituciones políticas en el
tratamiento de los problemas ambientales, especialmente
los de alcance mundial, cuya solución requiere un
esfuerzo concertado.
-
Los efectos de la legislación ambiental en la
competitividad son de menor importancia. El costo
directo de la lucha contra la contaminación en la OCDE
es pequeño, ya que sólo representa unos pocos puntos
porcentuales de los costos de producción de la mayoría
de las industrias. No se dispone de estimaciones
equivalentes para los países en desarrollo, pero salvo
que el costo derivado de las reglamentaciones sea nulo,
los ahorros que ofrece el desplazamiento al extranjero
son menores de lo que arriba se sugiere. Además, algunos
observadores han señalado que esas cifras son en
cualquier caso exageradas. Según la hipótesis
Porter, la presión reglamentaria, igual que la
presión basada en la competitividad, fomenta
innovaciones industriales que hacen que la producción
sea más sobria (menos exigente en materia de energía y
recursos) y al mismo tiempo más limpia, compensando así
los costos directos de la observancia de las normas. Los
datos disponibles apoyan en parte esta hipótesis, aunque
sería erróneo concluir que las reglamentaciones
ambientales no cuestan nada. Sí cuestan, pero
también aportan importantes beneficios a la sociedad y a
la calidad de la vida.
-
Las empresas conscientes de los problemas ambientales
no obtienen menos beneficios. Algunos estudios que
han comparado los beneficios de empresas de la misma rama
de producción no han encontrado muchas pruebas de que
las empresas conscientes de los problemas ambientales
tengan que pagar un precio en forma de disminución de
beneficios. Por diversas razones, esas empresas pueden a
menudo recuperar sus costos en el mercado. En primer
lugar, un número cada vez mayor de consumidores está
dispuesto a pagar una prima por las "etiquetas
verdes". En segundo lugar, las empresas que cumplen
las normas sobre ordenación ambiental promulgadas por la
Organización Internacional de Normalización
(ISO 14000) disfrutan al parecer de ciertas ventajas
competitivas, entre ellas seguros de responsabilidad más
baratos, menos supervisión reglamentaria, y mejor acceso
a los clientes (incluido el sector público) que se
preocupan por su propia reputación ambiental.
-
Las industrias contaminantes no están emigrando de
los países desarrollados a los países en desarrollo
para reducir el costo de la observancia de las normas
ambientales, aunque evidentemente hay excepciones. No
cabe duda de que los países en desarrollo son receptores
netos de inversiones extranjeras directas, pero la
composición de las inversiones que reciben no
apunta a las industrias contaminantes, sino más bien a
industrias de gran densidad de mano de obra que por lo
general son menos contaminantes. Lo que los datos indican
es que cuando los países desarrollados exportan sus
industrias contaminantes, lo hacen a otros países
desarrollados, y no a economías menos desarrolladas.
Esto sugiere que las reglamentaciones ambientales tienen
como mucho importancia secundaria en las decisiones sobre
inversiones a nivel internacional.
-
Las empresas transnacionales cada vez adoptan con más
frecuencia una política de normalización de
tecnologías para todas sus fábricas. La razón es
sencilla. Es menos costoso duplicar la tecnología matriz
que modificar el proceso en cada país. Es más, la
elección de tecnología no se basa exclusivamente en las
circunstancias actuales, sino también en lo que se
espera para el futuro. Es comercialmente más sensato
instalar la tecnología más avanzada cuando se hace una
inversión que renovar el equipo de reducción de la
contaminación más adelante y con muchos más gastos.
Por último, las empresas transnacionales, o al menos las
empresas transnacionales cuya sede central se encuentra
en un país con una comunidad activa en cuestiones
ambientales, atribuyen cada vez más importancia a su
reputación en el mercado. Las fuerzas del mercado a
menudo recompensan mejor el buen rendimiento ambiental
que el ahorro en los costos a cualquier precio, y algunos
mercados financieros reaccionan desfavorablemente ante
errores ambientales. No siempre ha sido así, pero la
tendencia ha cambiado en los últimos años. En buena
parte, este progreso se debe al incansable esfuerzo de
organizaciones no gubernamentales de todo el mundo que
han sensibilizado a los consumidores sobre los aspectos
ambientales de los productos y la política ambiental de
los productores. En otras palabras, lo que importa a los
consumidores importa a los productores.
-
Sin embargo, las medidas ambientales son a veces
inútiles debido a la inquietud que suscita la
competitividad. No se puede pretender que las fuerzas
del mercado resuelvan ellas mismas todos los problemas.
Los gobiernos tienen que poner algo de su parte
reglamentando adecuadamente las actividades que
contaminan y degradan los recursos. Esto crea un difícil
dilema político. Si los encargados de formular
políticas y los votantes creen que la
industria nacional se derrumba bajo el peso de las
reglamentaciones ambientales a expensas de las
inversiones y los puestos de trabajo en el país, puede
ser difícil lograr el apoyo político necesario para la
adopción de nuevas medidas reglamentarias. Y este
problema puede incluso agravarse cuando se eliminan
obstáculos al comercio y las inversiones, ya que las
industrias se hacen entonces más móviles y son más
difíciles de regular. Además, algunos indicios sugieren
que a menudo las empresas aducen problemas de
competitividad cuando presionan para que no se adopten
reglamentaciones ambientales, cosa que a veces consiguen.
-
¿Hasta qué punto es grave este problema? Sería
claramente un problema grave si la preocupación por la
competitividad impidiera establecer normas ambientales al
nivel adecuado, o si los gobiernos se vieran obligados a
integrar elementos proteccionistas en las
reglamentaciones ambientales para compensar a
las empresas de los supuestos efectos perjudiciales para
la competitividad. Sin embargo, la preocupación por la
competitividad podría también ser una fuerza positiva
si los gobiernos que tropiezan con dificultades para
tomar individualmente medidas por razones políticas
buscan soluciones cooperativas a los problemas
ambientales. El número creciente de acuerdos ambientales
multilaterales (actualmente unos 216) puede ser indicio
de la tendencia hacia ello. En ese caso, el efecto a
largo plazo del enfriamiento reglamentario se
manifestará más en cuestiones de procedimiento que en
asuntos sustanciales. En efecto, la iniciativa tendría
tal vez que desplazarse del nivel nacional al
supranacional, como ocurrió en el decenio de 1970 en los
Estados federales, donde se produjo un desplazamiento del
nivel local al nivel central para superar resistencias a
la adopción de políticas ambientales a nivel local. Hay
que reconocer, sin embargo, que la cooperación
internacional en esta esfera no será fácil si los
gobiernos no se convencen de su urgencia.
-
¿Es el crecimiento económico impulsado por el
comercio parte del problema o parte de la solución?
Una de las razones por las que la protección del medio
ambiente es insuficiente en muchos países es el bajo
nivel de ingresos. Los países que viven al límite de
sus posibilidades no pueden a veces permitirse el lujo de
asignar recursos a la reducción de la contaminación, y
pueden pensar que nada justifica que sacrifiquen sus
perspectivas de crecimiento para contribuir a la
solución de problemas de contaminación de alcance
mundial que en gran parte son consecuencia de las pautas
de consumo que prevalecen en países más ricos. Si la
pobreza es un elemento crucial del problema, el
crecimiento económico será parte de la solución, en la
medida en que permitirá a los países dejar de lado
preocupaciones más inmediatas para tratar de dar
solución a problemas de sostenibilidad a largo plazo. De
hecho, al menos algunos datos sugieren que la
contaminación aumenta en las primeras fases de
desarrollo, pero disminuye cuando se ha llegado a un
cierto nivel de renta, observación que en los círculos
académicos recibe el nombre de Curva Ambiental de
Kuznets (EKC).
-
¿Qué papel representa el comercio en el debate sobre
crecimiento y medio ambiente? El comercio es un
elemento de este debate por varias razones. La más
directa es que el comercio es uno de los cilindros que
mueven el motor del crecimiento. Otra razón es que el
comercio puede afectar a la configuración y la
pertinencia de la EKC. Cabe al menos suponer que en los
países desarrollados el punto de inflexión por lo que
respecta a determinados contaminantes se produce en parte
como consecuencia de la migración de las industrias
contaminantes a países en desarrollo, aunque no parece
que los datos de que disponemos sustenten esta posición.
Una tercera razón reside en los aspectos de política
económica de la formulación de políticas ambientales.
La presión por motivos de competitividad puede evitar
que se adopten normas ambientales más estrictas para
poner coto al aumento de la contaminación. En ese caso,
el crecimiento impulsado por la liberalización de la
economía mundial podría contrarrestar los mecanismos
que en principio generarían una Curva Ambiental Kuznets.
Como ya se ha señalado, hay algunos indicios de la
existencia de un "enfriamiento reglamentario"
que podría requerir una mayor coordinación de las
políticas entre los gobiernos.
-
El crecimiento económico puede ser parte de la
solución, pero sobre todo en lo que respecta a los
problemas de contaminación de carácter local. Los
datos que se aportan en apoyo de la hipótesis EKC
apuntan en direcciones contrarias. Las pruebas sugieren
que la hipótesis EKC puede ser válida para algunos
tipos de indicadores ambientales, pero al mismo tiempo
inválida para otros indicadores importantes. Los
indicadores que parecen demostrar algunas
características de la evolución de la contaminación en
forma de U invertida son ciertos tipos de contaminación
local, principalmente la contaminación del aire urbano y
en menor medida algunas formas de contaminación del agua
dulce. En contraste, no parece que los contaminantes con
efectos mundiales, como las emisiones de dióxido de
carbono, confirmen la hipótesis EKC. Por lo general, los
países parecen más proclives a tomar medidas de lucha
contra los contaminantes que los afectan más de cerca
que contra los contaminantes que degradan el medio
mundial, aunque hay también algunas novedades
alentadoras con respecto a esto último, como la
reducción de sustancias destructoras del ozono como
consecuencia de la cooperación internacional en el marco
del Protocolo de Montreal.
-
El crecimiento económico no es de por sí suficiente
para invertir la tendencia a la degradación ambiental.
También debe hacerse hincapié en que no hay en los
estudios sobre la hipótesis EKC nada que sugiera que la
tendencia a la degradación del medio ambiente se
invertirá necesariamente al aumentar las rentas. Si los
incentivos económicos para los productores y los
consumidores no cambian cuando sus ingresos aumentan, la
contaminación seguirá creciendo sin cesar a medida que
crece la actividad económica. En otras palabras, el
aumento de los ingresos, aunque pueda ser condición
necesaria para que los países presten más atención a
la sostenibilidad a largo plazo que a sus problemas
económicos y sociales más inmediatos, no es condición
suficiente para invertir la tendencia a la degradación
ambiental. Es imprescindible poner en marcha políticas
ambientales.
-
La rendición de cuentas y el buen gobierno son elementos
críticos. A ese respecto no cabe subestimar la
importancia que tiene un proceso político democrático.
Los gobiernos que no están obligados a responder de sus
acciones, o más bien, en este caso, de sus omisiones,
pueden no contribuir al necesario mejoramiento de las
políticas ambientales. Si se comparan países con el
mismo nivel de renta, se observa que la contaminación
suele ser peor en aquéllos donde la distribución de la
renta es desigual y donde hay una alta tasa de
analfabetismo y pocas libertades políticas y civiles.
Por lo demás, estas variables de acceso
político restan considerable importancia a la
relación establecida entre la renta por habitante y la
calidad del medio ambiente. Ello sugiere que la relación
EKC no depende tanto de los niveles de renta en sí
mismos como de las reformas institucionales y
democráticas que habitualmente acompañan al aumento de
los ingresos, y que son necesarias para que los
ciudadanos puedan expresar su preferencia por la calidad
del medio ambiente e influir en el proceso de
formulación de decisiones políticas.
-
También se requiere buen gobierno a nivel internacional.
Una de las conclusiones inquietantes que se deducen de
los datos disponibles es que se estima que los puntos de
inflexión de los problemas ambientales mundiales, como
el calentamiento atmosférico derivado de las emisiones
de CO2 y otros gases de efecto invernadero, se
producen a niveles de renta considerablemente más altos
que cuando se trata de problemas de carácter local. Una
forma de interpretarlo es que a la gente no le importan
mucho el calentamiento atmosférico y el cambio
climático. Antes que sufragar el costo de la reducción
de las emisiones, prefiere aceptar sus consecuencias
(para sus hijos y los hijos de sus hijos). Otra posible
razón de la morosidad política es que los gobiernos
tratan de obtener ventajas, sin ofrecer compensaciones,
de la debilidad de las instituciones políticas a nivel
internacional, y sobre todo de la debilidad de los
mecanismos de aplicación. De hecho, una de las razones
por las que la OMC se ha convertido en el foco de tantas
diferencias en la esfera del medio ambiente es que la OMC
dispone de un mecanismo integrado de solución de
diferencias respaldado por sanciones comerciales como
instrumento de aplicación de última instancia.
-
El proceso de degradación del medio ambiente se
invertirá cuando maduren las condiciones políticas.
No hay que exagerar los obstáculos políticos que se
oponen a la adopción de una política ambiental
adecuada. Las estimaciones sobre los puntos de inflexión
de distintos tipos de contaminantes los sitúan por lo
general dentro de la gama de rentas de los países más
ricos en el momento en que los problemas concretos
suscitan un debate público intenso. Por ejemplo, puede
no haber nada especial en un punto de inflexión para las
emisiones de CFC en un tramo de 12.000 a 18.000 dólares
EE.UU., que precisamente era el tramo de ingresos de los
países más ricos (que también han contraído los
compromisos de eliminación gradual más rápida) en el
momento de la firma, en 1987, del Protocolo de Montreal.
Aunque con respecto a las emisiones de CO2
encontramos estimaciones de un punto de inflexión de
hasta varios cientos de miles de dólares de renta por
habitante, el hecho de que el calentamiento atmosférico
sea hoy objeto preferente de la atención del público
podría resultar en una reducción de las emisiones en
fecha anterior a la prevista. Para ello será necesario,
sin embargo, que los países pasen de la palabra a la
acción y cumplan los compromisos contraídos en el marco
del Acuerdo de Kyoto. En definitiva, la curva ambiental
de Kuznets tal vez no tenga un punto de inflexión
natural; variará cuando las condiciones
políticas estén lo bastante maduras para la adopción
de las medidas necesarias para luchar eficazmente contra
la degradación ambiental, entre otras cosas mediante
transferencias de recursos y tecnologías que permitan a
los países en desarrollo modernizar su producción.
-
No todos los tipos de crecimiento son igualmente
provechosos para el medio ambiente. Evidentemente, un
crecimiento económico que requiera cada vez más insumos
de recursos naturales afectará al medio ambiente más
que un crecimiento económico impulsado por avances
tecnológicos que ahorran insumos y reducen las emisiones
por unidad de producción. Este tipo de crecimiento no
siempre emerge espontáneamente, por lo que puede ser
necesario ofrecer incentivos económicos que orienten el
desarrollo en una dirección sostenible.
-
El comercio podría desempeñar un papel positivo. El
comercio podría desempeñar un papel positivo en este
proceso facilitando la difusión mundial de tecnologías
no perjudiciales para el medio ambiente. Naturalmente,
esto requeriría que los países se mostraran dispuestos
a eliminar obstáculos a los intercambios de tecnologías
modernas, y que los proveedores de servicios ambientales
redujeran el costo de la inversión en tecnologías no
contaminantes y en sistemas de ordenación ambiental. A
ello podría contribuir una nueva ronda de negociaciones
sobre liberalización del comercio. Esa ronda también
podría contribuir abordando la cuestión de las
subvenciones perjudiciales para el medio ambiente,
incluidas las subvenciones a la energía, la agricultura
y la pesca. Esto duplicaría el dividendo, obrando
simultáneamente en beneficio del medio ambiente y de la
economía mundial.
-
El camino a tomar es la cooperación multilateral en la
esfera del medio ambiente. Concluyamos con una
observación citada por Long (1995), que resume lo que
constituye el núcleo del debate sobre comercio y medio
ambiente. En el curso de una reunión de Ministros de
medio ambiente de la OCDE, uno de ellos observó que su
país, como la mayoría de los demás, se había
comprometido en la Cumbre para la Tierra celebrada en
Río de Janeiro en 1992 a tratar de conseguir un
desarrollo sostenible. Sin embargo, cada vez que intenta
promover los cambios tecnológicos y de comportamiento
necesarios para avanzar en esa dirección, es decir,
cuando intenta integrar los costos de la contaminación
ambiental y la degradación de los recursos, fuera de su
país lo tachan de 'proteccionista verde', y en casa lo
acusan de destruir la competitividad nacional. En
resumen, la verdadera cuestión no es el comercio, ni
tampoco el crecimiento económico. La cuestión es cómo
reinventar las políticas ambientales en una economía
mundial cada vez más integrada para asegurarnos de que
vivimos dentro de los límites ecológicos. Para ello, a
nuestro entender, es preciso fortalecer los mecanismos e
instituciones de cooperación ambiental multilateral, en
la misma forma en que los países, hace 50 años,
decidieron que la cooperación en materia comercial
obraba en beneficio de todos ellos.
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