
El Sr. Moore, primer Director General no europeo al
frente de la OMC, subrayó la importancia de que en
Seattle se logre un resultado equilibrado que responda a
las necesidades de todos los gobiernos Miembros de la
OMC.El
común de la gente acogió el inicio de la Ronda Uruguay
con apatía; la posibilidad de iniciar una nueva ronda en
Seattle suscitará reacciones más intensas, algunas
positivas y otras no tanto, afirmó.
En
esta oportunidad no podremos quejarnos de que haya
apatía. Ante la falta de un conflicto mundial entre
'ismos', hay quienes han escogido centrar su ira en la
mundialización. De esta suerte, la OMC ha pasado a ser
denigrada. Esta situación exige nuevas aptitudes a nivel
de los gobiernos y de la comunidad internacional a fin de
persuadir a los ciudadanos de las naciones prósperas que
expresarán su protesta, se manifestarán y reclamarán
la creación de barreras para impedir la entrada de los
productos procedentes de los países pobres que necesitan
desesperadamente tener oportunidades de trabajo y de
ingresos para sus familias y a fin de obtener la
adhesión de esos ciudadanos. Incluso en los países
desarrollados hay gran número de personas que recelan
del comercio internacional. No obstante, decenas de
millones de empleos en los países de la OCDE están
relacionados directamente con las exportaciones y las
inversiones en el extranjero.
En
los Estados Unidos, un tercio de los nuevos empleos
están relacionados con la exportación. Habida cuenta de
la evolución de la economía mundial, es una función
importante del Director General de la OMC abogar por que
los mercados de los países ricos se mantengan abiertos a
los productos de los países más pobres. ¿Pueden
imaginarse las consecuencias económicas -y por ende sociales
y políticas- que hubiera tenido el cierre de los
mercados del norte durante la reciente crisis asiática?
Se
trata también de una cuestión moral. En la actualidad
el mundo está polarizado en función de la pobreza y de
las oportunidades como una vez estuvo polarizado por la
guerra fría. Juzgaré mi mandato por la medida en que
hayamos mejorado las condiciones y oportunidades de las
economías más vulnerables.
La
prioridad es Seattle, pero la Conferencia Ministerial de
Seattle sólo podrá considerarse un éxito si se obtiene
un resultado equilibrado. Es necesario ayudar a todos los
gobiernos Miembros a que participen en el proceso. Por
ello es preciso incrementar el nivel y la concentración
de la asistencia técnica de la OMC y de otras fuentes.
La
OMC no es el GATT, y la Reunión Ministerial de Seattle
no se parecerá a la de Punta del Este. Estamos en los
cínicos años noventa y no en el optimisma decenio
anterior. En los largos meses del proceso de selección,
muchos embajadores me han dicho en términos que no dejan
lugar a duda lo que se espera del Director General y de
la institución, basada en normas, que éste dirige en
representación de sus gobiernos Miembros.
Mis
funciones y prioridades son claras:
-
Apoyar y ayudar a los países para que éstos obtengan de
las negociaciones el resultado más equilibrado, que
beneficie realmente a las economías más vulnerables.
-
Exponer las ventajas que, tanto para las grandes naciones
como para las más modestas, ofrece un sistema comercial
más abierto y las razones por las que éste puede
mejorar el nivel de vida y construir un mundo más
próspero y más seguro.
-
Fortalecer la OMC, así como su sistema y normas,
preservar y reforzar su reputación de integridad y
equidad y remodelar la Organización para que refleje la
nueva realidad de su composición y de las necesidades de
sus Miembros.
Hoy,
todas las miradas están dirigidas a la Conferencia
Ministerial de Seattle, en la que se cifran grandes
esperanzas. Nuestro objetivo es muy claro: mejores
niveles de vida para nuestros pueblos, dado que con un
mayor nivel de vida se consiguen mejores servicios de
salud y sistemas de educación y un medio ambiente mejor
y más seguro. Ha llegado el momento de que yo y mis
colegas en Ginebra y en las capitales nos pongamos manos
a la obra.
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