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Mike Moore
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 Las
Declaraciones de Doha y Monterrey constituyen hitos en la lucha contra
la pobreza. Uno de los mensajes centrales es que la ayuda y el
comercio deben ir a la par para que las oportunidades que brinda la
mundialización se extiendan a los más necesitados; es decir, los
más de mil millones de seres humanos que viven en absoluta pobreza.
Velar por que los pobres tengan todas las oportunidades posibles de
participar en el comercio y orientar nuestra ayuda para que puedan
hacerlo, no es sólo justo en términos morales sino adecuado en
términos económicos.
Nos
complace, en consecuencia, que en la reunión de ministros de la OCDE
que se celebra esta semana se vaya a prestar especial atención al
comercio y al desarrollo. Esperamos que los ministros impulsen las
medidas necesarias para cumplir los objetivos de desarrollo del
Programa de Doha a tiempo, en los próximos 30 meses. Alentamos
además a los ministros a exponer con claridad cómo se van a
supervisar los progresos en el cumplimiento de estos objetivos. Es
especialmente importante que haya perspectivas de reformas en las
políticas de apoyo a la agricultura y los regímenes de los textiles,
con miras a adoptar medidas que sean menos perjudiciales para las
oportunidades económicas de los pobres.
Todo
incremento del proteccionismo en cualquier país es dañino. Esas
medidas menoscabarán las perspectivas de crecimiento donde más se
necesite fomentar ese crecimiento. Además, dejan una mala impronta
que puede debilitar, en todas partes, la capacidad de los gobiernos de
conseguir apoyo para introducir reformas orientadas al mercado. ¿Cómo
pueden los dirigentes de los países en desarrollo o de cualquier
país propugnar unas economías más abiertas si los países ricos no
son los primeros a dar ejemplo?
Una
mayor liberalización recíproca en el marco de la OMC es la mejor
garantía para la generalización de los beneficios del comercio y su
consolidación en normas multilaterales. Pero los países en
desarrollo no necesitan esperar. El comercio entre los países del Sur
creció en el decenio de 1990 a un ritmo más rápido que el comercio
mundial y actualmente representa más de un tercio de las
exportaciones de los países en desarrollo. Sin embargo, los
obstáculos a este comercio son aún mayores que los obstáculos al
comercio con los países industriales. La mayoría de los beneficios
de la liberalización se derivan de las medidas que se adoptan en cada
país. Unas políticas comerciales sólidas rara vez dependen de las
políticas de otros.
Deberíamos
ser conscientes de que en Doha los países prósperos se
comprometieron por primera vez a prestar asistencia a los países en
desarrollo en la creación de capacidad a fin de participar en mayor
medida en el sistema de comercio mundial. Es importante que los
países ricos cumplan este compromiso.
Tenemos
plena confianza en que los compromisos que se adoptaron en Doha y
Monterrey nos conducirán a un sistema mundial de comercio que
beneficie a los pobres. Pero debemos ir más allá de las palabras
retóricas, resistir con firmeza el proteccionismo, sea cual sea su
forma o justificación, y promover las políticas que fomenten el
crecimiento económico y la prosperidad.
Mr.
Horst Köhler
Director Gerente
Fondo Monetario Internacional |
Mr.
Michael Moore
Director General
Organización Mundial del Comercio |
Mr.
James D. Wolfensohn
Presidente
Grupo del Banco Mundial |
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