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El Director General me ha pedido que examine la cuestión de la
programación de las reuniones, una cuestión a la que los Miembros
confieren gran importancia. En particular, los países en desarrollo
Miembros han insistido en la necesidad de que se adopte un enfoque
racional que evite que se celebren demasiadas reuniones al mismo
tiempo, dado, en particular, que tanto las negociaciones como el
programa de trabajo de Doha ya están en curso de realización.
He
examinado esta cuestión con la ayuda de la Secretaría y desearía
exponerles algunas constataciones sobre la situación actual y
formular determinadas sugerencias sobre el modo de dar respuesta a las
inquietudes que se han manifestado.
Constataciones
sobre la situación actual
Es
bastante evidente que si continuamos procediendo como en la actualidad
vamos a encontrar problemas. Permítanme ilustrar esta afirmación
mediante algunas cifras referentes a lo ocurrido anteriormente:
a.
En la actualidad hay un total de 67 órganos de la OMC, de los
cuales 34 son órganos permanentes abiertos a la participación de
todos los Miembros. El resto está compuesto por 28 grupos de
trabajo sobre adhesiones y 5 órganos plurilaterales. A esos 67
órganos permanentes cabe añadir el CNC y los 2 nuevos grupos de
negociación -sobre acceso a los mercados y sobre normas– que los
Miembros acordaron crear en la primera reunión del CNC en los días
28 de enero y 1º de febrero. El CNC además acordó que 6 de los
órganos permanentes ya existentes celebrarían una reunión
extraordinaria con objeto de llevar a cabo los trabajos objeto del
mandato formulado por los Ministros en Doha.
b.
Según las estadísticas de la Oficina de Conferencias de la OMC,
que computa las reuniones sobre la base de unidades de media jornada
(es decir que una reunión que dura una jornada completa se computa
como dos sesiones), el año pasado hubo cerca de 400 sesiones
formales de órganos de la OMC.
c.
Además, tuvimos más de 500 sesiones informales, así como cerca de
otras 90 sesiones como simposios, cursillos y seminarios
organizados bajo los auspicios de órganos de la OMC. Todas esas
reuniones compiten en la distribución del tiempo de las
delegaciones.
d.
Para empeorar aún más las cosas, algunas veces han de convocarse
al mismo tiempo de cuatro a cinco sesiones formales.
e.
En resumen, las directrices para la programación de reuniones
adoptadas en 1995 no se cumplieron con mucho rigor a este respecto.
Propuestas
de mejoramiento
Es
manifiesta la necesidad de introducir mejoras si las próximas
negociaciones y programas de trabajo han de permitir una
participación eficaz de todos los Miembros de la OMC. Tras considerar
esta cuestión cuidadosamente, no pienso que las directrices vigentes
en cuanto a la programación de reuniones necesiten una revisión
completa en la fase actual. Sin embargo, para dar respuesta a las
inquietudes que se han formulado, yo propondría las siguientes
medidas:
En
primer lugar, las directrices de 1995 para la programación de
reuniones han de cumplirse de forma más estricta. Ello exigirá la
participación y cooperación intensas de los presidentes de los
órganos de la OMC, junto con la Secretaría de la OMC. Esas
directrices son muy sencillas y se reducen a lo siguiente:
a.
No deberían celebrarse simultáneamente más de dos sesiones
formales. Además, de acuerdo con los principios y prácticas
acordados por el CNC el 28 de enero y el 1º de febrero,
como directriz general, en la medida de lo posible sólo un órgano
de negociación ha de reunirse a un mismo tiempo.
b.
Las reuniones deberían repartirse de la forma más uniforme posible
tanto sobre la duración del año civil como sobre la semana (con
inclusión de los viernes que hasta la fecha han sido
insuficientemente utilizados).
c.
Las fechas de las reuniones no deberían modificarse, salvo que
prevalezcan razones políticas o técnicas.
En
segundo lugar, los períodos de sesiones de negociación deberían
celebrarse a continuación de las reuniones ordinarias de los órganos
pertinentes de la OMC para facilitar la participación. Asimismo, las
reuniones sobre temas similares podrían agruparse.
En
tercer lugar, debería establecerse un calendario anual de reuniones a
principios de cada año. Con este fin, propondría que la Secretaría,
en estrecha cooperación con los presidente de los órganos de la OMC,
elaborara y distribuyera un programa de reuniones a la mayor brevedad,
dentro de las próximas semanas.
Y
en cuarto lugar, el Presidente del Consejo General y el Presidente del
CNC deberían considerar la posibilidad de informar regularmente, y
con preferencia en cada reunión ordinaria de esos órganos, sobre la
aplicación de las anteriores directrices. Por su parte, la
Secretaría seguiría vigilando regularmente el desarrollo de la
situación.
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